DISCERNERE

Uno sguardo profetico sugli eventi

“UN MAESTRO VIVE EL CONOCIMIENTO”. Entrevista al rabino Damián Karo

En la primera parte de la entrevista, el R. Damián Karo nos explica qué es ser un rabino.

-Muchos consideran que un rabino es el “cura judío”, ¿podrías decirnos qué es un rabino?

-Es muy común, en occidente, en el mundo judeo-cristiano, que se entienda al judaísmo como un cristianismo distinto. En un punto lo veo así, porque troncalmente es lo mismo, los credos cristianos tienen su origen en el judaísmo, y ambos se han ido formando fuertemente en los últimos dos milenios, en occidente, con lo cual, hay alguna similitud. Pero pensar que el otro es igual, con otro nombre, hace perder la riqueza de la diferencia; muchas cosas son distintas, aunque puedan parecer similares. Un rabino es, en realidad, un maestro, para nosotros, un sacerdote es un cohen y dejamos de tener la figura del cohen cuando dejó de existir ese rol. Lo tenemos sólo como linaje, la persona, que es descendiente de esos sacerdotes, surge de la Biblia que es por herencia. Dios nombra a Aarón, hermano de Moisés, sumo sacerdote, y, de ahí en más, sus descendientes serán sacerdotes, pero el rol de sacerdote era en el Templo de Jerusalén, mutación del templo móvil original, el Tabernáculo.

En ese templo, había lugar, trabajo, para los levitas y los cohanim. En ese tiempo, también estaban los eruditos, los sabios, eso tenía que ver con el conocimiento y no con de quién eran hijos; y, por supuesto, se trataba de un conocimiento acompañado de una práctica. No eran profesores, eran maestros, un estilo más oriental, el maestro “vive” ese conocimiento. Como explica el Talmud, un sumo sacerdote podía ser un ignorante, pero tenía que realizar las funciones en el templo que sólo podía hacer un sumo sacerdote, podía haber sido elegido entre los sacerdotes por sus virtudes, pero podía ser ignorante, y un sabio era un sabio, también llamado maestro.

-¿Cómo se formaban los maestros?

-Uno era alumno y se consideraba alumno toda la vida, como un hijo no deja de pensarse hijo y un padre nunca deja de pensar a su hijo como hijo y siempre se considera padre. Sin embargo, había un momento en que un hijo podía llegar también a ser padre, así, el discípulo siempre se sentía discípulo, y su maestro siempre se sentía su maestro. Hasta que el maestro creía que lo mejor, para su discípulo, era empezar a enseñar. Cuando este momento llegaba, el maestro se lo decía y ponía la mano sobre la cabeza del discípulo trasmitiéndole el espíritu divino.

Eso es bíblico, Dios le dice a Moisés que busque a 70 ancianos virtuosos, que ponga su mano sobre ellos para trasmitirles el Espíritu de Dios a ellos y a las generaciones. Eso, con la destrucción del segundo templo, en el Siglo I de la Era Común, se pierde. Ya no se apoya la mano, pero nosotros seguimos llamando a la ordenación rabínica smijá, que significa apoyar la mano, pero el gesto no está más, sí el espíritu divino, pero es un formato más occidental, de estudio, más académico.

-¿Cómo surgió en vos el interés por ser rabino?

-Yo empecé a estudiar en el Internado Rabínico a los 14 años, no a los efectos de ser rabino, porque, en ese formato, uno no estudia para ser rabino, sino porque es lo que se hace, se estudia. Tenía búsquedas existenciales, encontré ahí un camino y me dediqué a estudiar. No es como el Seminario Rabínico Latinoamericano, cuyo formato es que se cursa como segunda carrera, una cantidad de años, es un sistema de universidad, luego, se cursa un año más en Israel, y después se rinden los exámenes. Yo me formé en el mundo judío ortodoxo, o sea, el más conservador, el más rígido.

-Y empezaste a trabajar.

-Entonces yo estaba casado, hicimos algunos trabajos de diferente tipo. Mas tarde, surgió la oportunidad de tomar un lugar rabínico en Colombia, y allí estuvimos 3 años y volvimos. Luego, debido a que mis búsquedas existenciales cambiaron, mi visión de la vida cambió, decidí cambiar mi vida también, resolví dejar ese mundo tan ortodoxo y empecé a buscar trabajo. Me desempeñé, en la Fundación Judaica, en la dirección ejecutiva de esta red de instituciones judías, con templos, colegios.

Ahí estuve un año y medio aproximadamente, y el Rabino Bergman me dio la posibilidad de preguntarme qué quería hacer con mi rabinato, yo le pedí, en principio, dejarlo a un costado. Como venía con muchas ideas de cambio, prefería esperar a que se asentaran, clases teóricas sí podía dar, pero llevar adelante un púlpito implicaba salir desde un lugar más sólido, y yo todavía estaba testeando mis cambios, buscando, investigando. Él me lo concedió, y así pasó un tiempo. Luego falleció, en un accidente, el rabino de la Comunidad de Paso, un compañero y amigo. Entonces, el rabino Bergman me dijo que ya no podía darme el lujo de no hacerlo, habiendo necesidad y falta de gente. Permanecí allí dos años.

-Y ahora estás en el templo Libertad…

-Sí, a partir de este año, estoy en el Templo Libertad, con el Museo Judío. Parte del tiempo en el rabinato, y parte del tiempo estamos en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en la Secretaría de Derechos Humanos. Allí, tratamos de colaborar con el proyecto Argentina Ciudadana del Rabino Bergman, quien nos propone hacer algo no sólo desde las organizaciones no gubernamentales y desde el púlpito judío, sino también desde un lugar más activo, en conjunto con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

-Se aproxima Rosh Hashaná, explicame cómo es que el año nuevo (Rosh Hashaná) es el 1° de Tishrei (septiembre-octubre), pero el primer mes del año es Nisán (marzo). Es como si hubiese dos principios de año.

La Biblia dice que el año nuevo es el 7° mes, el 1° de Tishrei, pero los meses se cuentan desde la salida de Egipto. Hay diferentes calendarios para diversos sucesos, por ejemplo, en otro lugar de la Biblia, se van a contar los años por los años del rey, eso también lo vamos a encontrar en otro tipo de literatura. Asimismo, cuando decimos que estamos en el año 2010, si hablamos con nuestros hermanos nativos, como los Wichis, nos van a preguntar 2010 de qué. ¿Del reinado de qué rey? Bueno, después de Jesucristo. Antes de Jesús, también se contaban los años. Hoy, en Israel, se utilizan los dos calendarios, 2010 o 5770, y no hace falta aclarar nada, porque la gente ya sabe. En la tradición judía, se cuentan los años desde la creación del primer hombre, y es lo que se celebra el 1° de Tishrei, el año nuevo de la humanidad. Los meses se cuentan desde nuestra liberación como pueblo, es otro año nuevo.

El año nuevo de los árboles es otro año nuevo, ya que el ciclo del árbol no es el de una persona. Entonces, se cuenta desde otro mes. Por último, está el año sabático, 6 años se trabaja la tierra, y el 7° no, y, cada 7 años sabáticos, 49 años, el año 50 es jubileo, tampoco se trabaja la tierra, es un precepto bíblico. Del año sabático se sigue llevando la cuenta, el jubileo es un cálculo que se perdió en el exilio de Roma, con la destrucción del segundo Templo.

“Coronar en lo divino el reinado de quien quiero que reine sobre mí”

En esta segunda parte de la entrevista, el R. Damián Karo nos explica qué significado tienen Rosh Hashaná y lom Kipur.

-¿Cómo se festeja Rosh Hashaná?

-Rosh Hashaná es una fiesta que dura 48 horas y es considerada como un día extenso. Otras fiestas, en Israel, duran un día y, fuera de Israel, 2, 7 u 8 días. En ese día, se conmemora, según la tradición, la creación del hombre, del primer ser humano. Desde lo simbólico, hay una fuerte carga, en esa fecha, a diferencia del cumpleaños que nosotros conocemos, es un cumpleaños más espiritual.

Si uno tomase el día de cumpleaños particular para hacer un balance de cómo le fue el último año y para tomar decisiones para el próximo año, seguramente, lo viviría diferente, ése es un poco el sentido de Rosh Hashaná, pero comunitario. En realidad, este día del año judío no empieza en Rosh Hashaná, sino un mes antes, en el mes de Elul, el último mes del calendario judío al que llamamos Teshuvá, de retorno.

-¿Cómo es ese proceso?

-Según Maimónides, por ejemplo, ese proceso consta de cuatro pasos: reconocer el error; tomar plena conciencia de ese error, y que esa conciencia nos genere el dolor de lo que hicimos o no hicimos, dijimos o no dijimos, pensamos o no pensamos, y que nos gustaría que sea diferente. El tercero sería la confesión, nosotros no tenemos la confesión sino con Dios, a menos que esta falta haya sido para con otra persona, entonces, uno debe confesarle a la otra persona no lo que ya sabe, sino que yo ya me di cuenta de lo que hice y que me molesta lo que hice y desearía no haberlo hecho, y ahora vengo, te lo cuento y te pido perdón. El cuarto paso es volver a estar en la misma situación y no hacerlo.

Ése es el proceso de retorno, donde no decimos que estamos arrepentidos de lo que hicimos, sino que debemos volver a nuestra fuente, que es el haber estado bien, no es una idea de sufrimiento por el mal; es una idea de volver a casa. Vos podés decir: “yo siempre hice mal”, pero naciste bien, originalmente en tu esencia, en tu centro, estabas bien, si después te desviaste es sólo volver, y volver es siempre más reconfortante que ir a un lugar nuevo y desconocido.

-¿Y entonces se llega a Rosh Hashaná?

-Sí, todo eso es para llegar al día de Rosh Hashaná, que es el 1° y el 2 de Tishrei, y también está enlazado hacia adelante con Iom Kipur o Día de la Expiación, comúnmente llamado Día del Perdón. Entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, hay una semana exacta, más un día de Iom Kipur y Rosh Hashaná son 10 días, llamados los 10 días de Teshuvá, el retorno, que era ese trabajo que venimos haciendo en el mes de Elul. Rosh Hashaná y Iom Kipur son llamados Iamim Noraim, los días terribles, no porque haya que tener miedo, sino porque son días de juicio, no son días tristes, pero sí días solemnes, son días festivos, pero de mucha constricción, de mucho trabajo espiritual.

-¿Dónde lo encontramos en la Biblia?

-En la Biblia, dice que estuvieron frente al Monte Sinaí y escucharon los 10 mandamientos de Dios, eso lo celebramos en Shavuot, fiesta de la semana, Pentecostés, etcétera. Después, Moisés se quedó 40 días arriba del Monte Sinaí y bajó con las primeras tablas, y, viendo al pueblo con el becerro de oro, haciendo idolatría, una fiesta pagana, las rompió. Ese día es, para nosotros, de ayuno, se llama 17 de Tamuz. Pidió una nueva oportunidad, y Dios le dijo subí a la montaña 40 días y vamos a ver qué pasa.

Ese día que subió está marcado por nuestros sabios como el 1° del mes de Elul. Cuando bajó 40 días después, se encontró con el pueblo vestido de blanco y ayunando, y Dios le anunció a Moisés, perdoné según tus palabras, y descendió con las segundas tablas. Ése es el día del perdón. El día del perdón, el día de la expiación, cerramos un proceso de 40 días que empezó el 1° de Elul, son esos 40 días en que Moisés estaba arriba de la montaña viendo si Dios daba una segunda oportunidad a las tablas. Y se las dio, reparando el pecado del becerro de oro, el desvío, la transgresión, se reparó.

-¿Es lo mismo que se hace ahora?

-Es lo que estamos buscando, exactamente lo mismo. Pasamos un año, bueno, ¿qué becerros de oro hicimos? ¿Qué transgresiones? ¿Qué desvíos tuvimos? No solamente negativos, pueden ser positivos. Lo bien que hice hace un año, ahora es insuficiente porque soy un año más maduro, entonces, ahora lo querría hacer mejor, es este trabajo de 40 días de Teshuvá. Se trata de un proceso completo, no podemos sacar a Rosh Hashaná de ahí.

Según la mística judía, todo Rosh Hashaná es coronar a Dios como Rey, ya hice el balance, me di cuenta de todo lo que quiero sostener y fortalecer, y todo lo que quiero cambiar, ahora estoy haciendo el plan de cómo quiero que sea mi próximo año, puede ser que haya 10 cosas que quiero mejorar. Si soy honesto conmigo mismo, sé que tengo que agarrar 5 y ponerlas en stand by, y agarrar las otras 5 porque no voy a poder hacer las 10.

Peor es colocar 100 cosas en la lista y no hacer ninguna, y estar deprimido y defraudado todo el año, mejor es elegir, consultar con mi maestro, charlarlo con mis compañeros de ruta espiritual, y anotar metafóricamente qué es lo que realmente deseo para este año. Ése es el libro de la vida que uno tiene que escribir para ese año, cuál va a ser su esfuerzo, cuáles son sus metas, con qué se quiere encontrar en el espejo dentro de un año, para trazar una ruta desde donde está hasta adonde quiere llegar, uniendo esos dos puntos se obtiene la línea que habrá que andar este año, que va a ser analizada dentro de un año.

-Dentro de un año, volvés a hacer lo mismo.

-Lo mismo, armamos nuestro plan para el año, por supuesto que, para eso, cada uno tiene que tener su maestro, su guía, sus amigos y compañeros, pero es responsabilidad de uno. Eso tiene que sopesarlo una semana, y Iom Kipur lo va a sellar y a firmar. Entonces, prepararse para recibir los 10 mandamientos, es escribir el libro de la vida y decidir cómo quiero que sea mi vida, por un año. Escribirlo y sellarlo. Es coronar, en lo divino, el reinado de quien quiero que reine sobre mí.

En la misma línea, en Rosh Hashaná, se acostumbra hacer sonar el shofar, que es el cuerno de un animal, es una ley bíblica. Hay muchas explicaciones, una es que ese sonido es un estruendo, como un llamado, como un reloj despertador, como el shofar que se tocaba en el desierto, está en Jericó, tiene que ver con el despertar que estamos buscando en el retorno, salirnos de la rutina y del letargo para reevaluarnos, y para escribir, en nuestro libro, qué queremos para el año, por otro lado, el shofar también puede ser como diferentes tipos de llanto: posee 3 sonidos, uno recto, uno cortado en 3, y uno cortado en 9, el llanto infinito que nunca termina, el llanto que va cortando y el sollozo que es muy entrecortado, que tiene que ver con una voz profunda, simple, recta, o cuán entrecortada va a estar esa voz, cuán externo o interno es el clamor por lo que pasó, pero, a la vez, es un llamado a la guerra, o al futuro o a lo que vendrá.

También hay una tercera explicación, las trompetas que se usaban en el momento de la coronación del rey. Nosotros estamos coronando al rey que es juez, para nuestro año, cómo nos juzgamos frente al espejo y qué valores entronizamos o coronamos para el próximo año.

-¿Cómo es el ciclo del año?

-Entendemos que el año es circular, pensamos en una espiral donde volvemos a pasar, cada Rosh Hashaná, por el mismo punto, entonces, ¿qué cambia? Si entendemos que ese círculo toma ahora otra dimensión y se va haciendo una espiral, volvemos a pasar por el mismo punto en forma vertical, pero, en forma horizontal, estamos una capa más arriba o más abajo. En la Kabalá, decimos que cada año trae una energía diferente, una vuelta más en la espiral, ya usé toda la energía que me fue dada para el 5770, hice el balance de cómo la usé, ahora veo cómo quiero usar lo que me será dado para el 5771, y vengo a recibir esa energía y a comprometerme a usarla bien. Eso es Rosh Hashaná.


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