DISCERNERE

Uno sguardo profetico sugli eventi

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El Ministerio de Igualdad constata que cada vez hay más adolescentes sexualmente activos

(El Confidencial/InfoCatólica) “Nueve de cada 10 jóvenes consideran bastante o muy importantes las cuestiones relativas a su sexualidad, y cada día se sienten menos cohibidos a la hora de hablar de aspectos íntimos”, según Igualdad. “Si en 2004 el 65% aceptó contestar a preguntas sobre sexualidad, en 2008 fue el 75%, lo que revela que ahora se sienten más libres para hablar de estos temas”, puntualiza el departamento que dirige Aído. Y añade que “la edad media en que dicen haber tenido su primera relación sexual completa se sitúa cerca de los 17 años”, constatando que “las diferencias entre mujeres y varones están desapareciendo”.

Usan menos el preservativo

Sin embargo, la creciente actividad sexual de los adolescentes no va acompañada de una mayor utilización de métodos anticonceptivos. Todo lo contrario. Igualdad reconoce que el uso del preservativo ha sufrido “un leve descenso”, y que son ellas las más descuidadas, pese a que la inmensa mayoría de los muy jóvenes -el 82%- admite que el acceso a los condones es “fácil”.

La consecuencia de esa mayor laxitud parece inevitable: el porcentaje de embarazos no deseados ha pasado del 9,9% hace seis años al 12,1% en la actualidad. Aunque el Ministerio de Igualdad no da datos, lo cierto es que el incremento de embarazos no deseados entre adolescentes va acompañado de un mayor número de abortos entre dicho sector de la población.

El Centro de Asesoramiento Sexual ofrecerá información personalizada, anónima y confidencial en tres formatos: presencial -en la sede del Instituto de la Juventud-, telefónica -incluidos los fines de semana- y on line, a través de la web del Ministerio de Igualdad. El proyecto contará con un presupuesto inicial de 140.000 euros.

¿Más preservativos y más píldoras abortivas?

Dada la ideología del gobierno socialista, cabe esperar que el nuevo centro proponga a los jóvenes el uso indiscriminado de anticonceptivos e incluso el consumo de la píldora abortiva post-coital, cuyos efectos secundarios pueden llegar a ser graves en caso de que se use como un metodo habitual para no tener hijos.

Papa: Necesitamos el perdón, fulcro de cada verdadera reforma: renovando la persona en el íntimo, es tambien el centro de la renovación de la comunida

BENEDICTO XVI: LA IGLESIA ES LA JUVENTUD DEL MUNDO


Visita “ad Limina” de los obispos de Brasil Este 1


CASTEL GANDOLFO, lunes 27 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el pasado sábado a los obispos de la Región Este 1 de Brasil, a quienes recibió en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo con motivo de la visita ad Limina Apostolorum.

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Venerados Hermanos en el Episcopado,

Os doy la bienvenida, feliz de recibiros a todos en el transcurso de la visita ad Limina Apostolorum que estáis haciendo en nombre y a favor de vuestras diócesis de la Región Este 1, para reforzar los lazos que las unen al Sucesor de Pedro. De esto mismo se hizo eco monseñor Rafael Cifuentes en las palabras de saludo que me ha dirigido en vuestro nombre y que le agradezco, apreciando mucho las oraciones que día a día se elevan al Cielo por mí y por la Iglesia entera en las diversas comunidades familiares, parroquiales, religiosas y diocesanas de las provincias eclesiásticas de Río de Janeiro y de Niterói. Sobre todos y cada uno descienda, radiante, la benevolencia del Señor: que Él “haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz” (Nm 6, 25-26).

Sí, amados Hermanos, que el resplandor de Dios irradie de todo vuestro ser y vida, a semejanza de Moisés (cf. Ex 34, 29.35) y más que él, pues ahora todos nosotros “reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu” (2 Cor 3, 18). Así lo sentían los Padres conciliares cuando, al final del Vaticano II, presentan a la Iglesia en estos términos: “Rica de un largo pasado siempre vivo, y caminando para la perfección humana en el tiempo y para los destinos últimos de la historia e de la vida, ella es la verdadera juventud del mundo. (…) Miradla y encontraréis en ella el rostro de Cristo, el verdadero héroe, humilde y sabio, el profeta de la verdad y del amor, el compañero y el amigo de los jóvenes” (Mensaje del Concilio a la humanidad: A los jóvenes). Dejando transparentar el rostro de Cristo, la Iglesia es la juventud del mundo.

Pero será muy difícil convencer a alguien de esto, si no se revela en la generación joven de hoy. Por ello, como ciertamente os habréis dado cuenta, un tema habitual en mis conversaciones con vosotros es la situación de los jóvenes en vuestras respectivas diócesis. Confiado en la providencia divina que amorosamente preside los destinos de la historia sin dejar de preparar los tiempos futuros, me complace ver el amanecer de mañana en la juventud de hoy. Ya el Venerable Papa Juan Pablo II, viendo a Roma volverse “joven con los jóvenes” en el año 2000, les saludó como “los centinelas de la mañana” (Carta ap. Novo millennio ineunte, 9; cf. Homilía en la Vigilia de Oración de la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19/VIII/2000, 6), con la tarea de despertar a sus hermanos para que remen mar adentro en el vasto océano del tercer milenio. Y, para demostrarlo, más que nunca llega a la memoria la imagen de las largas colas de jóvenes esperando a confesar en el Circo Máximo y que volvió a dar confianza a muchos sacerdotes en el sacramento de la Penitencia.

Como bien sabéis, amados Pastores, el núcleo de la crisis espiritual de nuestro tiempo tiene sus raíces en el oscurecimiento de la gracia del perdón. Cuando este no es reconocido como real y eficaz, se tiende a liberar a la persona de la culpa, haciendo de modo que las condiciones para su posibilidad nunca se verifiquen. Pero, en lo más íntimo, las personas así “liberadas” saben que esto no es verdad, que el pecado existe y que ellas mismas son pecadoras. Y, aunque algunas líneas de la psicología sienten gran dificultad en admitir que entre los sentimientos de culpa, puedan darse también los debidos a una verdadera culpa, quien sea tan frío que no pruebe sentimientos de culpa ni siquiera cuando debe, que procure recuperarlos por todos los medios, porque en el orden espiritual son necesarios para la salud del alma. De hecho Jesús vino a salvar, no a aquellos que ya se libraran por sí mismos pensando que no tienen necesidad de Él, sino a cuantos sienten que son pecadores y que le necesitan (cf. Lc 5, 31-32).

La verdad es que todos tenemos necesidad de Él, como Escultor divino que quita las incrustaciones de polvo y basura que se posan sobre la imagen de Dios inscrita en nosotros. Necesitamos el perdón, que constituye el núcleo de toda verdadera reforma: reconstruyendo a la persona en su interior, se convierte también en el centro de la renovación de la comunidad. En efecto, si se retiraran el polvo y la basura que hacen irreconocible en mí la imagen de Dios, me vuelvo verdaderamente semejante al otro, que es también imagen de Dios, y sobre todo me vuelvo semejante a Cristo, que es la imagen de Dios sin defecto ni límite alguno, el modelo según el cual todos nosotros fuimos creados. San Pablo expresa esto de modo muy concreto: “y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gl 2, 20). Soy arrancado de mi aislamiento y acogido en una nueva comunidad-sujeto; mi “yo” es insertado en el “yo” de Cristo y así se uno al de todos mis hermanos. Solamente a partir de esta profundidad de renovación del individuo nace la Iglesia, nace la comunidad que une y sustenta en la vida y en la muerte. Ella es una compañía en la subida, en la realización de esa purificación que los hace capaces de la verdadera altura de ser hombres, de la compañía con Dios. A medida que se realiza la purificación, también la subida – que al principio es ardua – se va volviendo más jubilosa. Esta alegría debe transparentarse cada vez más en la Iglesia, contagiando al mundo, porque ella es la juventud del mundo.

Venerados hermanos, una obra semejante no puede ser realizada con nuestras fuerzas, sino que son necesarias la luz y la gracia que proceden del Espíritu de Dios y actúa en lo íntimo de los corazones y de las conciencias. Que ellas os amparen a vosotros y a vuestras diócesis en la formación de las mentes y de los corazones, Llevad mi saludo afectuoso a vuestros jóvenes y respectivos animadores sacerdotales, religiosos e laicales. Dirijo la mirada a la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora Aparecida, a cuya protección os entrego, y de corazón os concedo, extensiva a todos vuestros fieles diocesanos, la Bendición Apostólica.

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez

Moda y manipulación

Carlota Sedeño Martínez
Mon, 27 Sep 2010 15:02:00

CAMINEO.INFO.- En la historia de las relaciones humanas, el cuerpo ha jugado un papel importante para comunicarse, expresar emociones, estados de ánimo y afecto hacia otras personas. No obstante, el cuidado del cuerpo y la apariencia personal se convierten, a veces, en una obsesión ridícula. Hay que saber encontrar el término medio entre el cuidado excesivo y el abandono. Concretamente, en cuanto a la forma de vestir, no se puede olvidar que a través del vestido manifestamos nuestro interior, nuestra personalidad y hay que usar el sentido común para elegir una ropa que sea adecuada al propio ambiente y a la circunstancias personales sin olvidar el respeto que merecen los demás.

Puede comprobarse que, en la sociedad actual, exhibir el cuerpo es para muchos una conquista más de la democracia y del progreso social. Cualquier pasarela ofrece poca tela y mucha “libertad”. Por otro lado, pueden observarse “manadas” de jóvenes vistiendo exactamente igual, uniformadas: pantalones con la cintura fuera de su sitio natural, vientre y “michelines” al aire y la consiguiente camiseta de algunas tallas menos, o sea, exposición de carne al por mayor. Se han masificado la vulgaridad y el mal gusto. Bastan unos anuncios comerciales con la modelo en paños menores para que se produzca una avalancha de jóvenes, en ocasiones “respaldadas” por sus madres, y se llegue a la adquisición de la ropa más hortera que cabe imaginar.

La vulgaridad aparece como un modo de identificación social externo. Si casi todos lo hacen, se acepta. El ser humano queda reducido al consumo masivo y, entonces, la vulgaridad deja en la penumbra la dignidad de la persona. Es interesante resaltar que, según expertos en psiquiatría, seguir al pié de la letra los modos y modas del momento refleja fisuras importantes en la personalidad: influenciabilidad y falta de madurez; inseguridad, al pensar que para ser aceptados hay que comportarse así; falta de identidad propia y querer llamar la atención.

Por otra parte, determinados jóvenes visten de negro riguroso para evidenciar su rebeldía y, en su deseo de agredir las normas convencionales, unos y otros han puesto de moda el “feísmo”. Los tatuajes serían, para algunos, como una segunda piel para dar la impresión de persona “fuerte”. ¿Y qué decir de las perforaciones corporales? Esta práctica se encuentra en las culturas primitivas así como en las culturas africanas de nuestra época. Para estos últimos, las perforaciones del cuerpo tienen que ver con sus prácticas estéticas y como símbolo de identidad y religiosidad. En cambio, en la sociedad occidental, significa simplemente una moda que, además, puede producir riesgos: infecciones bacterianas, reacciones alérgicas, etc.

Es lamentable observar como una parte de la juventud es manipulada sin consideración por diseñadores, grandes cadenas de fabricación de ropa, revistas juveniles y series televisivas que les ofrecen un modo de vestirse y un modo de estar en el mundo que ellos imitan. Miran la televisión como fuente de conocimiento y repiten sus comportamientos. Pero nadie les enseña a mirarse con verdad a un espejo sin los prejuicios impuestos por los que deciden la moda. Y así van...Muchas chicas disfrazadas de cabareteras, pidiendo guerra, candidatas a club de alterne, inocentes víctimas de una sociedad adulta que habla de derechos humanos, de respeto a los animales, de medio ambiente y que no sabe defender la dignidad de unas niñas que están dejando de serlo. Al contrario, se les ofrece a todos los jóvenes lo siguiente: botellón, preservativos, píldoras para antes y después. Y todavía el mundo adulto se queja, hipócritamente, de cómo está la juventud...

Las fronteras entre el buen y el mal gusto han perdido su nitidez pero hay que ver la vida con esperanza: la elegancia y el saber vestir bien están al alcance de todos. Claro está que es necesario aplicar la inteligencia para aprender, inventar y generar formas más bellas, más verdaderas. Hay que superar la llamada “barbarie civilizada”, ser rebeldes auténticos y ejercer la libertad que halla en las virtudes su mayor impulso.

El Papa: Siempre hay un horizonte más grande, sobre y más allá de el estudio

Discurso a los estudiantes de las escuelas católicas británicas


LONDRES, viernes 17 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa dirigió a los más de 4.000 estudiantes de escuelas católicas inglesas, galesas y escocesas, a quienes se dirigió durante su visita al St. Mary's University College de Twickenham, tras saludar a los religiosos y profesores.

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Queridos jóvenes

Quiero manifestaros ante todo mi alegría por estar con vosotros hoy aquí. Os saludo con cariño a todos los que habéis venido a la Universidad de Saint Marydesde las diversas escuelas y facultades católicas de todo el Reino Unido, y a los que seguís este encuentro a través de la televisión o internet. Agradezco al Obispo McMahon su amable bienvenida. Doy las gracias también al coro y a la orquesta por la preciosa música que ha dado comienzo a nuestra celebración, e igualmente deseo expresar mi gratitud a la Señorita Bellot por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los jóvenes aquí presentes. Con vistas a los próximos Juegos Olímpicos en Londres, me ha sido grato inaugurar esta fundación deportiva, llamada así en honor del Papa Juan Pablo II, y rezo para que cuantos vengan aquí den gloria a Dios con sus actividades deportivas y disfruten ellos mismos y los demás.

No es frecuente que un Papa u otra persona tenga la posibilidad de hablar a la vez a los alumnos de todas las escuelas católicas de Inglaterra, Gales y Escocia. Y como tengo esta oportunidad, hay algo que deseo enormemente deciros. Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad.

Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto. Quizás, alguno opina que la santidad no es para él. Dejad que me explique. Cuando somos jóvenes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustaría ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¿Cuáles son las cualidades que veis en otros y que más os gustarían para vosotros? ¿Qué tipo de persona os gustaría ser de verdad?

Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.

Dios no solamente nos ama con una profundidad e intensidad que difícilmente podremos llegar a comprender, sino que, además, nos invita a responder a su amor. Todos sabéis lo que sucede cuando encontráis a alguien interesante y atractivo, y queréis ser amigo suyo. Siempre esperáis resultar interesantes y atractivos, y que deseen ser vuestros amigos. Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida. Os atrae la práctica de las virtudes. Comenzáis a ver la avaricia y el egoísmo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran daño, y deseáis evitar caer en esas trampas. Empezáis a sentir compasión por la gente con dificultades y ansiáis hacer algo por ayudarles. Queréis prestar ayuda a los pobres y hambrientos, consolar a los tristes, deseáis ser amables y generosos. Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad.

En vuestras escuelas católicas, hay cada vez más iniciativas, además de las materias concretas que estudiáis y de las diferentes habilidades que aprendéis. Todo el trabajo que realizáis se sitúa en un contexto de crecimiento en la amistad con Dios y todo ello debe surgir de esta amistad. Aprendéis a ser no sólo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas. A medida que avanzáis en los diferentes cursos escolares, debéis ir tomando decisiones sobre las materias que vais a estudiar, comenzando a especializaros de cara a lo que más tarde vais a hacer en la vida. Esto es justo y conveniente. Pero recordad siempre que cuando estudiáis una materia, es parte de un horizonte mayor. No os contentéis con ser mediocres. El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo. Necesitamos buenos historiadores, filósofos y economistas, pero si su aportación a la vida humana, dentro de su ámbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino.

Una buena escuela educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela católica, además de este aspecto, debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos. Sé que hay muchos no-católicos estudiando en las escuelas católicas de Gran Bretaña, y deseo incluiros a todos vosotros en mi mensaje de hoy. Rezo para que también vosotros os sintáis movidos a la práctica de la virtud y crezcáis en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos. Sois para ellos un signo que les recuerda ese horizonte mayor, que está fuera de la escuela, y de hecho, es bueno que el respeto y la amistad entre miembros de diversas tradiciones religiosas forme parte de las virtudes que se aprenden en una escuela católica. Igualmente, confío en que queráis compartir con otros los valores e ideas aprendidos gracias a la educación cristiana que habéis recibido.

Queridos amigos, os agradezco vuestra atención; os prometo que rezaré por vosotros, y os pido que recéis por mí. Espero veros a muchos de vosotros el próximo agosto, en la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid. Mientras tanto, que Dios os bendiga.

[©Copyright 2010 – Libreria Editrice Vaticana]

Los "Ni-nis" , jóvenes entre los 15 y los 24 años que ni estudian ni trabajan, no son una anomalía

M. Medina16/09/2010

El tema de los "Ni-nis" empezó como un asunto banal. Era el argumento de un reality show de La Sexta, la más banalizadora de todas las cadenas de televisión, que terminó entre escándalos. Pero las estadísticas que ha hecho públicas este miércoles la Comisión Europea son muy serias. España es uno de los cuatro países de la Unión con más "Ni-nis", es decir, con más jóvenes entre los 15 y los 24 años que ni estudian ni trabajan.

Ni estudian ni trabajan 14 de cada 100. Dice Bruselas que corren el riesgo de quedarse sin trabajo para siempre porque no se están capacitando. Es sin duda un fracaso del sistema de enseñanza, del sistema de valores, del sistema familiar... la enumeración tiende al infinito. Pero el dato es demasiado desgarrador como para seguir hablando de sistemas.

A muchos de nuestros jóvenes, también a los que estudian y trabajan, no les interesa nada. Quizás sea porque los adultos hemos dado por supuestas demasiadas cosas, hemos dado por supuesto que merece la pena la fatiga o la paciencia de aprender y trabajar aunque no tengan un sentido claro. Hemos dado por supuesto que merece la pena el sacrificio aunque lo que hacemos no tenga nada que ver con unos deseos de satisfacción personal que ya no nos atrevemos a confesarnos.

Y para remediarlo echamos manos de la ética, como si la moral, por la moral, los valores fuesen capaz de sostener o de mover a alguien. Los "ni-nis" no son una anomalía. Son el retrato trágico de unos adultos que hemos dado demasiadas cosas por supuestas. Todos necesitamos, para seguir de pie como hombres, un motivo que nos atraiga, hecho de carne y de sangre.



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“Bello amor y sexualidad”. Discurso del Patriarca Angelo Scola

1. La imagen bíblica del bello amor

La liturgia de la Fiesta del Santísimo Redentor nos llena del más grande consuelo, cuando afirma: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5). Dios Padre, con sus “dos manos” – como Ireneo de León llamaba al Hijo y al Espíritu Santo – cuida de nosotros y nos sustenta con la esperanza que no desilusiona (Rm 5, 5). Contentos en el Señor podemos afrontar la existencia, en su trama de afectos, trabajo y descanso como hijos e hijas en el Unigénito Hijo de Dios.

La experiencia común de cada hombre traza la vía maestra para aprender esta tierna descendencia. Es la vía del deseo en sentido pleno, es decir capaz de alcanzar la realidad, no reducido al puro movimiento interior del sujeto. El deseo, en mil formas diversas, dice a cada hombre la necesidad de ser amado definitivamente, incluso más allá de la muerte, y lo apremia a amar definitivamente, a su vez. ¿Cuál es entonces el criterio que verifica la apertura total del deseo, permitiendo este definitivo recíproco amor?

Una sugestiva respuesta nos viene de la Biblia: «Yo soy la madre del bello amor» (Sir 24, 18). Aquí al amor le viene acercada la belleza.

¿Qué quiere decir bello amor? ¿Cuándo el amor es bello? Santo Tomás habla de la belleza como del “resplandor de la verdad”. Para Buenaventura la persona que “ve a Dios en la contemplación”, es decir que lo ama, se ha vuelto toda belleza (pulchrificatur).

La tradición cristiana, con las palabras del Salmo, define a Jesucristo como «el más bello entre los hijos del hombre» (Sal 45,3). El bello amor por lo tanto no es una idea abstracta sino la persona de Jesús, belleza visible del Dios invisible, que por amor se ha hecho como uno de nosotros El bello amor imprime su forma en quien lo acoge abriéndolo a relaciones nuevas y anunciadas. Esto nos permite decir que el amor es bello cuando es verdadero, es decir objetivo y efectivo. San Pablo, en el capítulo 5 de la Carta a los Efesios, lo halla en el amor entre Cristo y la Iglesia entrelazado a aquello entre el marido y la mujer, (cfr Ef 5, 32-33).

2. ¿Una nueva gramática del amor?

Con la doctrina del bello amor el cristianismo tiene pues la pretensión de interceptar una de las dinámicas fundamentales de la vida del hombre. Este fecho, sin embargo, no puede ignorar hoy las pesadas pruebas a las cuales son sometidas las relaciones, también las más íntimas como aquellas entre hombre y mujer, entre esposo y esposa, entre padres e hijos. El amor no ha sido nunca una realidad de buen mercado, ni menos lo es hoy. Justo en las relaciones amorosas se advierten los efectos de la difícil estación que estamos viviendo. Ha cambiado la gramática de los afectos, ante todo en su elemento determinante que es la diferencia sexual. Y de la esfera privada tal proceso cada vez más va extendiéndose en la misma vida civil.

Cuanto más es cotidianamente inmerso en los códigos culturales dominantes el mensaje cristiano del bello amor parece estar metido en un foso insalvable.

¿En el actual y magmático contexto cultural se puede todavía razonablemente creer en la propuesta cristiana del bello amor? Tanto así que muchos hombres, marcados incluso por siglos de evangelización cristiana – y entre ellos no pocos practicantes -, no comprenden y rechazan las enseñanzas de la Iglesia en materia de amor y sexualidad.

¿Cómo callar además, de estos tiempos, la tormenta que ha alterado a la Iglesia católica por el trágico escándalo de pedofilia perpetrado por clérigos y cubierta a veces por negligencia o ingenuidad por el silencio de autoridades eclesiásticas? El escándalo pedofilia, con el efecto de un detonador, parece a muchos haber reducido en añicos la propuesta de los estilos de vida sexual y la visión del hombre implicado que de siglos la Iglesia persigue. Concerniente al problema específico de la pedofilia me ha conmovido la observación: «La palabra usada en estos meses por quien obra en el sector, sea médico, psiquiatra, investigador, psicólogo, jurista, ocupa un espacio del todo irrelevante con respecto al río de palabras emergidas en estos meses de periódicos, radio, televisiones, debates… ¿Por qué este silencio?… Es deseable que a la denuncia de los escándalos, justa y precisa, también siga una reflexión y una profundización de la cuestión, para poderla afrontar de manera eficaz».

Como pastor no tengo una competencia específica para intentar alguna respuesta acerca de la naturaleza y las consecuencias de semejantes e inaceptables abusos. Me parece sin embargo que la palabra-clave – “misericordia”, “justicia en leal colaboración con las autoridades civiles” y “expiación” – indicadas con dolorosa fuerza por Benedicto XVI en la Carta a los cristianos de Irlanda, permitan afrontar cada caso individual, desde el momento que, como bien ha sido dicho, también uno sólo es mucho. El Papa no se sustrae a la corresponsabilidad que tiene cada miembro del único cuerpo eclesial y, en particular, del colegio episcopal. Es un escándalo que toca a la entera Iglesia, llamada a una profunda penitencia, a ir a las raíces de la misericordia, es decir al encuentro personal con el Tú de Cristo. Se trata de una reforma que no podrá no concernir a todos los niveles de su misión.

También por estas razones siento la necesidad de afrontar directamente la pregunta acerca de la credibilidad y la conveniencia de la propuesta cristiana en tema de sexualidad y bello amor.

¿Cómo esta raíz constitutiva del deseo del hombre puede ser concretamente experimentada por él?

Una sofisticada respuesta nos viene de las neurociencias. En particular las neurociencias de la ética se han puesto el problema del amor en el cuadro de su tentativa para explicar en términos puramente neuronales el decisivo interrogante antropológico: ¿qué cosa significa realmente existir como seres pensantes, (conscientes)?. Helen Fisher, antropóloga americana, considerada entre las expertas del sector, ya desde hace muchos años publica libros y artículos científicos, sea especializados que difusores, sobre el tema del amor.

La estudiosa, con su team de investigaciones, ha atribuido una importancia considerable al así llamado estadio del amor romántico, (romantic love). Ello – con la atracción sexual, (libido o lust) y con el apego (attachment) – se reduciría, según lo que dice la autora, a una de las tres redes primordiales del cerebro por el que se aligera la entera palabra afectivo-relacional entre hombre y mujer.

No me parece azaroso reconocer en parecidas posiciones la tentativa de considerar al hombre como puro experimento de él mismo, según la fuerte pero emblemática expresión del filósofo de la ciencia Jongen.

3. El dato incontrovertible: el yo-en-relación

La alternativa del hombre como experimento de él mismo nace por la acogida de la experiencia humana común. Ella revela que el otro/los otros no son una mera añadidura al yo sino un dato a él originario. La personalidad de cada uno es sumergida en una trama de relaciones: el dato relacional es irreprimible.

Desde el regazo de su madre cada hombre, como hijo o como hija, está situado en una relación constitutiva. Su mismo nacimiento, por cuanto podrá ser manipulado en un laboratorio, custodia el misterio de la alteridad: ningún hombre podrá nunca auto-generarse.

La perspectiva antropológica del yo-en-relación, acogida en toda su amplitud, nos lleva a considerar de modo adecuado la diferencia sexual. Ella se revela más bien como el lugar originario que nos introduce a la relación con la realidad. Es la primera e insustituible escuela para aprender la alteridad.

Para el autor del Libro de los Proverbios «La vía del hombre en una joven mujer» es considerada entre las «cosas demasiado arduas para entenderse» (cfr Prov 30, 18-19). A este propósito un gran biblista comenta: «El hombre/mujer es la vía por la cual cada uno de nosotros es introducido en el misterio de la vida; es lo que hace pasar al hombre por la figura de aquella que está en su principio y que lo hace salir de sí cuando nace. Esto hace del encuentro entre los dos al mismo tiempo un nuevo inicio y algo nuevo» En otras palabras, cuando el hombre y la mujer se encuentran se hacen la experiencia por un lado de recomenzar algo que ya por la fuerza de su nacimiento conocen, por la otra de dar vida a una novedad. Ésta es posible por lo tanto porque el encuentro amoroso le pone inevitablemente al hombre la pregunta acerca de su propia origen. Podríamos expresarla así: ¿quién soy yo que encontrándote me encuentro a mí mismo? En cuanto situado en la diferencia sexual el otro de mí me “desplaza”, (di-ferencia) en continuación, impidiéndome quedar encerrado en mí mismo. Estar situados en la diferencia sexual se revela por tanto como un gran don que, bien entendido, se vuelve difusor de amor y de belleza. Aquí está la inextirpable raíz de la fecundidad. El amor no es nunca una relación en dos. En efecto la diferencia hombre-mujer, con este valor originario suyo, encuentra su fundamento en la diferencia de las Tres Personas en el único Dios. La necesidad/deseo del otro que a partir de la diferencia sexual cada persona como hombre y como mujer, experimenta no es por tanto la marca de una minusvalía, de una falta, sino más bien el eco de aquella gran aventura de plenitud que vive en Dios Uno y Trino, porque hemos sido creados a Su imagen.

Cristo Jesús, forma plena del bello amor trinitario en la historia, abre a cada hombre y a cada mujer la posibilidad de participar en esta experiencia.

4. Asegurar los afectos

Con su muerte y resurrección Jesucristo nos ha liberado del miedo a la muerte (cfr Eb 2,14-16). Eso es decisivo para vivir en plenitud los afectos que se inscriben primeramente dentro del hombre-mujer (diferencia sexual). El miedo a la muerte, en efecto, parece a menudo el secreto patrón de las relaciones entre el hombre y la mujer, entre los padres y los hijos. Él es el origen del afán del “todo y enseguida” en las relaciones amorosas que, con la misma rapidez, se queman y se multiplican. Hallamos esta dinámica en la relación entre las generaciones: la decisión de engendrar o de no engendrar hijos, es determinada a menudo por el miedo del carácter contingente de la existencia.

El antídoto contra el veneno de muerte que penetra sin embargo a cada humana relación está ya presente en la historia. Está en la manifestación de la verdad del amor ofrecida por la muerte-resurrección pro nobis de Cristo. La victoria del Amor sobre la muerte hace brillar el sentido pleno de la diferencia sexual: su ser destinado al bello amor que va más allá de la muerte.

5. La castidad: una práctica conveniente

¿La propuesta cristiana acerca de la sexualidad y el bello amor indica un recorrido de vida que conduce a aquella satisfacción y a aquella alegría que el deseo rectamente entendido abre de par en par al hombre. ¿Cómo educarnos concretamente a vivir los afectos según esta integralidad y autenticidad? Emerge a propósito de esto una gran palabra hoy por desgracia caída en desuso: castidad. Correctamente entendida, ella se revela inscrita en la estructura misma del deseo como la virtud que regula la vida sexual haciéndola capaz del bello amor.

Casto es el hombre que sabe tener en orden el propio yo. Lo libera de un erotismo abiertamente reivindicado y vivido, desde la adolescencia, en formas cada vez más contractuales y sin pudor. Ciertamente, el amor es uno en todas sus formas, incluso el amor reducido a venus, para usar una expresión querida a Clive Staples Lewis, el cual define así el mero ejercicio de la sexualidad y lo distingue por la capacidad de amar, que implica a eros y a ágape (Deus caritas est). Pero también cuando se reduce a un comportamiento casi animal, el amor expresa, de modo del todo alterado, una pregunta de verdad.

Ningún hombre puede ser casto si no estableciendo libremente una jerarquía de valores: «La castidad expresa la alcanzada integración de la sexualidad en la persona y consecuentemente la unidad interior del hombre en su ser corpóreo y espiritual» (CCC 2337). Si nosotros desagregamos a venus, eros y ágape nos condenamos a la rotura entre la dimensión emotiva y aquella del pensamiento, del cual la muerte del pudor es el síntoma más grave.

En estas condiciones la experiencia del bello amor se vuelve imposible y la relación amorosa es reducida a una mecánica habilidad sexual, transmitida por una subcultura de las relaciones humanas que se basan en una grave equivocación: sobre la idea, del todo falta de fundamento, que exista un instinto sexual en el hombre. En cambio es verdad lo contrario, como demuestra cierto psicoanálisis: también en nuestro inconsciente más profundo todo el yo está en juego. La castidad pone en campo una experiencia común a todos. En cada ámbito de su existencia el hombre sabe bien de no poder encontrar satisfacción sin sacrificio. El sacrificio es una extraña necesidad, pero es la vía que asegura el gozo. En la esfera sexual y en las relaciones amorosas ésta es particularmente evidente. ¿Por qué hemos definido “extraño” el sacrificio? Porque todos nosotros advertimos una resistencia sana frente a ello. Si estamos hechos para la satisfacción, ¿por qué el sacrificio? ¿No es quizás contrario a la naturaleza de la satisfacción? El valor último del sacrificio no puede residir en sí mismo, ni en el hecho que me sea impuesto del exterior, por cualquier autoridad. Tengo que llegar a descubrir la conveniencia, es decir su intrínseca sensatez para el pleno éxito de mi humanidad. Ello es condición y no fin.

La cruz y la resurrección de Cristo tienen la fuerza de enseñar que el inevitable sacrificio presente en cada humana acción tiene como objeto positivo el logro del proprio destino. El sacrificio asusta cuando no se sabe el por qué. La virtud de la castidad es una gran escuela para el valor misteriosamente positivo del sacrificio. Ella pide la renuncia en vista de una posesión más grande. Puedo renunciar si estoy seguro que esta renuncia me hace poseer en plenitud el bien que quiero, como satisfacción de mi deseo. El sacrificio no anula la posesión, es la condición que lo potencia. El puro placer es no autentico gozo, tanto es verdad que acaba enseguida. Y si queda cerrado en él mismo lentamente anula la posesión, la entristece, la deprime. A primera vista el hombre busca aquel placer que dura siempre, es decir el gaudium (gozo). Lo había entendido bien San Ignacio de Loyola. Siempre me conmueve el hecho que, cuando digo estas cosas a los jóvenes, encuentro más sorpresa e interés que objeción. Intuyen que un camino de castidad desde adolescentes, por la vía de un progresivo dominio de sí que renuncia a comportamientos inmaduros y presuntuosos, abre a una perspectiva de realización en la que se aclara el diseño amoroso de Dios sobre cada uno de ellos. Sexualidad y amor sobre estas bases se realizan completamente como posesión en la distancia. En esta luz emergen en toda su plenitud la vocación a la virginidad y al celibato así como aquella al matrimonio indisoluble, fiel y fecundo entre el hombre y la mujer.

a) Virginidad

La virginidad como forma de vida sólo concierne a algunos llamados a la imitación literal de la humanidad de Cristo, el que ha vivido en obediencia, pobreza y en la perfecta continencia, y por esto renuncian a la modalidad común del ejercicio de la sexualidad, a la familia y la generación en la carne. En la perspectiva del Reino de Dios la virginidad anticipa el cumplimiento final que concierne a todos los hombres. Una parecida forma de vida no prescinde para nada del propio ser situados en la diferencia sexual.

b) Celibato eclesiástico

Para comprender mejor esta afirmación conviene mirar a la cara a otra de las cuestiones hoy discutidas, aquella del celibato. La dedicación a Cristo que el ministerio ordenado implica, sobre el modelo del siervo doliente y del buen pastor dispuesto a preocuparse por la única oveja perdida, permite a los sacerdotes vivir el bello amor.

Quien es llamado a la virginidad y al celibato no es uno que se somete a mutilaciones psicológicas y espirituales sino a un hombre que, practicando la castidad perfecta, tiene que llegar pacientemente a la unidad espiritual y corporal del propio yo. La sexualidad entendida como diferencia no es reducible a la dimensión genital, a la cual en nombre del celibato se renuncia. Sin embargo en la Iglesia de hoy es necesario un esfuerzo educativo capaz de iluminar la elección del celibato hasta en sus motivaciones antropológicas. Hace falta profundizar un dato dejado un poco a la sombra. Me refiero a la naturaleza nupcial de la elección virginal y célibe. El amor, desde dentro de la Trinidad, siempre posee una dimensión nupcial, hecha de diferencia, de don de sí y fecundidad. El celibato por lo tanto no puede ser adecuadamente comprendido en términos meramente funcionales. En el celibato el sacerdote no renuncia al matrimonio y a la familia principalmente o sólo para tener más tiempo de dedicar al propio trabajo eclesiástico.

Del significado profundamente cristológico, escatológico, eclesiológico y antropológico del celibato se comprende la razón de su profunda conveniencia y por tanto de la disciplina de la Iglesia latina a este propósito. El celibato sacerdotal hunde sus raíces en la misma llamada apostólica que literalmente pide “dejar todo”. Para confirmar este su valor originario también está toda la tradición oriental que por el episcopado, plenitud del sacramento de la orden, ha siempre exigido la elección del celibato.

c) Indisolubilidad del matrimonio

La virtud de la castidad también ilumina el carácter indisoluble de la relación conyugal entre el hombre y la mujer en el sacramento del matrimonio. Efectivamente el amor por su naturaleza pide el “para siempre”, a pesar de la humana fragilidad. Es en la indisolubilidad del matrimonio que la relación entre el hombre y la mujer alcanza su verdadera dignidad. La idea de una revocabilidad del don heriría mortalmente al misterio nupcial y volvería falsa la relación misma. Al contrario, la indisolubilidad garantiza la profunda aspiración del hombre y la mujer a un sí irrevocable. El “sí” que se expresa en la elección de la virginidad y en el celibato se pone así objetivamente en relación al “sí” que los cónyuges se prometen para siempre en la boda. La fidelidad no es una propiedad accesoria del amor. Simplemente allá donde no hay fidelidad no ha habido nunca amor, específicamente hablando. Por tanto los cónyuges son llamados a vivir en su amor fiel, indisoluble y fecundo cuanto es expresado también en la elección de la virginidad y el celibato. Tal como las vírgenes y los célibes encuentran en el matrimonio indisoluble un testimonio convincente de la dimensión nupcial de su llamada.

6. Bello amor y amor casto

Volviendo, en conclusión, al tema del bello amor, somos ahora capaces de identificarlo con el amor casto, aquel amor que entra en relación con las cosas y las personas no por su inmediata apariencia, en sí transitoria, ni por el provecho que pueda conseguir: en efecto «pasa la escena de este mundo» (1Cor 7). La distancia pedida en el amor casto en realidad es un entrar más en profundidad en la relación con Dios, con los otros y consigo mismo. Ni siquiera la humana fragilidad sexual representa últimamente una objeción fundada en la castidad. En efecto la caída no viene a anular la naturaleza profunda del deseo humano que continúa a pedir reconocimiento de la diferencia sexual y a apremiar la posesión verdadera, aquello que nunca se da sin distancia. La figura moral cumplida de lo humano no es la impecabilidad sino la “reanudación”. Ella registra, cada vez más con el pasar de los años, el dolor por cada pecado individual mientras por la gracia del perdón de Dios profundiza el amor. San Agustín describe con potencia esta humana condición: «David ha confesado: “reconozco mi culpa” (Sal 50, 5). Si yo reconozco, entonces tú perdona. No presumimos para nada ser perfectos y que nuestra vida sea sin pecado. Sea dada a nuestra conducta aquella alabanza que no olvida la necesidad del perdón»

Una joven se escapa de una secta satánica y revela lo vivido: sacrificios humanos, prostitución...

CAMINEO.INFO.- Es materia de aburridas películas de Hollywood: sectas donde adoradores de Satanás beben sangre de animales y hacen sacrificios humanos durante ceremonias especiales. Sin embargo, para Laura, que nació en uno de estos mundos en la región de Münster, en Alemania occidental, es algo más real. Ella se las arregló para escapar de la secta, pero fue un proceso largo y doloroso.

Introducida por su padre
"Mi padre era muy respetado en la secta y empezó a entrenarme a edad muy temprana para hacer lo que quería el círculo", explicó. "Eso me permitía que yo lo pudiera aguantar todo, cualquier cosa que se hiciera conmigo, no llorar o gritar ni responder al dolor, y que yo no diría nada a nadie fuera del grupo. Se suponía que debíamos hacer lo que el Poder Superior quisiera".

Prostitución en el nombre de Satanás
Este Poder Superior era Satanás, y Laura se vió obligada a aceptar el dolor, la tortura y la violación en su nombre. Pero también significaba que tenía que llevar una vida paralela al exterior, presentándose como una colegiala normal; pero en secreto, era sirvienta en las misas negras y los rituales satánicos. "Debía ser obediente a los hombres", dijo. "Cuando tuve que prostituirme me dijeron que el Poder Superior quería que el círculo (el grupo satánico) tuviera dinero". El dinero fue directamente a las arcas del grupo, y fue el grupo quien eligió a los clientes.

Una brutalidad
La especialista en religiones de Marburgo, Adelheid Herrmann-Pfandt, dijo que los padres de Laura la expusieron a un culto satánico, lo que es especialmente preocupante ya que celebra una forma especialmente brutal del satanismo y se mantiene fuera de la vigilancia de la sociedad. "Aquellos que llevan a cabo estas prácticas tan extremas no son reconocibles en la sociedad", dijo Herrmann-Pfandt.

"No van por ahí con crucifijos al revés en sus manos. Desean permanecer por debajo del barrido de la detección del radar durante toda su vida, sin que se les detecte."

Bebés que desaparecen
Brigitte Hahn, la comisionada de la diócesis católica de Münster coincide. Comentó que unas 30 víctimas de estos cultos satánicos han buscado la ayuda de su oficina. Algunas de las mujeres describieron misas negras que también incluían abortos rituales e incluso el asesinato. "Hay ceremonias especiales de fecundidad para las mujeres y otros rituales para la entrega de los bebés y el sacrificio de ellos", dice Hahn. "Los embarazos se mantienen en secreto, los bebés nacen, y desaparecen."

En 2008, Hahn envió alrededor de una encuesta a 2.000 médicos y terapeutas en el estado de Renania del Norte-Westfalia, del que Münster forma parte. Cerca de 120 respondieron diciendo que había pacientes femeninas que habían sufrido la violencia de los grupos satánicos.

Niños sacrificados
Alfons Strodt, capitular de la diócesis católica de Osnabrück, ha ayudado a antiguos miembros de cultos satánicos durante años. Ha recopilado también los dibujos que han hecho de los rituales: imágenes de niños tumbados en un altar o atados a una cruz. "Al principio, tuve que procesar todo esto solo", dijo, y agregó que "le llevó mucho tiempo hasta que otros en la Iglesia comenzaron a creerle. La gente me decía que dejara de inventar esas historias".

"Estoy agradecido de que nuestro obispo y el vicario general me crean, y se den cuenta que es un tema que ya no puede quedar en la oscuridad", dijo. "Ahora las víctimas pueden obtener la ayuda que necesitan."

Constante estado de miedo
Sin embargo, debido a que muchas de las víctimas están traumatizadas y han enfermado mentalmente, es difícil determinar si sus relatos reflejan fielmente la realidad. "Ofrecer apoyo a las víctimas es también un reto", dijo Strodt.

"Nos amenazaron con que nuestras iglesias volarían por los aires con bombas, o que las prenderían fuego", dijo. "Yo estaba bajo vigilancia. Esto tiene su precio; es la sensación de que están siempre cerca, y eso da miedo."

Mantener un registro
"La gente no puede permanecer en silencio sobre el fenómeno del satanismo", dijo la experta Herrmann-Pfandt, que investiga lo que ocurre en estos grupos. "Esto trata sobre experiencias trascendentales, y la sangre a menudo desempeña un papel importante", dijo.

"Algunas personas dicen que se intensifica la experiencia, y les pone en un estado de excitación. Y las sectas juegan a eso."

Laura dijo que el punto de inflexión llegó cuando se suponía que debía tener un hijo para el círculo de sus padres satánicos. Entonces huyó de la secta, y ahora vive en un refugio de alta seguridad para mujeres traumatizadas.

Aunque ella no ha presentado cargos contra sus padres ha dejado registrado todo lo ocurrido ante un abogado. "En el caso de que muera, aunque pareciera que es un accidente o un suicidio, todos los datos serán enviados a la oficina del fiscal de distrito", dijo. "Es mi forma de seguro de vida, para que no crean que puedan hacerme algo o puedan asesinarme".

BENEDICTO XVI: “LA ESTABILIDAD INTERIOR SE BASA EN LA RELACIÓN CON DIOS” Presentación del Mensaje para la JMJ 2011 durante el rezo del Ángelus

CASTEL GANDOLFO, domingo, 5 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, después de su visita apostólica a Carpineto Romano.



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¡Queridos hermanos y hermanas!

¡Pido en primer lugar perdón por el retraso! He vuelto en este momento de Carpineto Romano, donde, hace 200 años, nació el Papa León XIII, Vincenzo Gioacchino Pecci. Agradezco al Señor haber podido, en este importante aniversario, celebrar la Eucaristía entre sus conciudadanos. Ahora deseo en cambio presentar brevemente mi Mensaje -publicado en los pasados días- dirigido a los jóvenes del mundo para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid dentro de poco menos de un año.

El tema que he escogido para este Mensaje retoma una expresión de la Carta a los Colosensesdel apóstol Pablo: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (2,7). ¡Es decididamente una propuesta a contra corriente! ¿Quién, de hecho, propone hoy a los jóvenes estar “arraigados” y “edificados”? Más bien se exalta la incertidumbre, la movilidad, la volatilidad... aspectos todos ellos que reflejan una cultura indecisa en lo que se refiere a los valores de fondo, a los principios en base a los cuales orientar y regular la propia vida. En realidad, yo mismo, por mi experiencia y por los contactos que tengo con los jóvenes, sé bien que toda generación, más aún, toda persona individual está llamada a realizar de nuevo el recorrido de descubrimiento del sentido de la vida. Y es precisamente por esto que he querido volver a proponer un mensaje que, según el estilo bíblico, evoca las imágenes del árbol y de la casa. El joven, de hecho, es como un árbol en crecimiento: para desarrollarse bien necesita raíces profundas, que, en caso de tormentas de viento, lo tengan bien plantado en el suelo. Así también la imagen del edificio en construcción recuerda la exigencia de fundamentos válidos, para que la casa sea sólida y segura.

Y aquí está el corazón del Mensaje: en las expresiones “en Cristo” y “en la fe”. La plena madurez de la persona, su estabilidad interior, se basan en la relación con Dios, relación que pasa a través del encuentro con Jesucristo. Una relación de profunda confianza, de auténtica amistad con Jesús puede dar a un joven lo que necesita para afrontar bien la vida: serenidad y luz interior, capacidad para pensar de manera positiva, gran ánimo hacia los demás, disponibilidad para pagar personalmente por el bien, la justicia y la verdad. Un último aspecto, muy importante: para convertirse en creyente, el joven se nutre de la fe de la Iglesia: si ningún hombre es una isla, tanto menos lo es el cristiano, que descubre en la Iglesia la belleza de la fe compartida y testimoniada junto a los demás en la fraternidad y en el servicio de la caridad.

Este Mensaje mío a los jóvenes lleva la fecha del 6 de agosto, Fiesta de la Transfiguración del Señor. ¡Que la luz del Rostro de Cristo pueda resplandecer en el corazón de todo joven! Y que la Virgen María acompañe con su protección el camino de las comunidades y de los grupos juveniles hacia el gran Encuentro de Madrid 2011.

[Después del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varias lenguas. En francés, dijo:]

Queridos hermanos y queridas hermanas,

Acojo con alegría a los peregrinos francófonos venidos para la oración del Angelus. Éste es el tiempo de la vuelta al colegio, así como de la vuelta a la universidad. Queridos alumnos, estudiantes y profesores, os invito a invocar cada día al Espíritu Santo, el Maestro de la inteligencia y del verdadero saber. Él abrirá entonces vuestros corazones al conocimiento de Dios. Os arraigará también en su Hijo Jesucristo y os guardará firmes en la fe. Que la Virgen María, Trono de la Sabiduría, interceda por vosotros. ¡Feliz peregrinación y feliz domingo a todos!

[En inglés, dijo:]

Acabando de llegar de Carpineto Romano, el lugar de nacimiento de mi Predecesor, el Papa León XII, agradezco a todos los peregrinos de habla inglesa y a los visitantes presentes en esta oración del Angelus prayer. Que el magisterio social del Papa León continúe inspirando los esfuerzos de los fieles para construir una sociedad justa arraigada en las enseñanzas de Cristo. Sobre vosotros y vuestros seres queridos, invoco abundantes bendiciones del Dios Todopoderoso.

[En español, dijo:]

Al saludar con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, quisiera invitar a todos a leer el Mensaje que he firmado en estos días con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid, en el mes de agosto del próximo año. Pido a Dios que, animados por las palabras del Apóstol Pablo: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2,7), muchos jóvenes puedan encontrarse en la capital de España, para acoger en sus corazones a Cristo, que los llama a confiar en Él y a amar cada vez más a la Iglesia. Suplico a la Santísima Virgen María, Madre y Reina de los jóvenes, que acompañe el camino de preparación a este gran evento. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]

AQUELLOS MÉDICOS INGLESES AVALAN LA PEDOFILIA. Más que mil niñas entre los 11 y los 13 años han conseguido un anticonceptivo

Segun los datos publicados al principio de agosto del General Practice Research Base británico, el órgano que se ocupa oficialmente de encuestas sobre la práctica médica, resulta que en el 2009 más que mil jovencitas inglesas entre los once y los doce años han conseguido del médico de cabecera la prescripción de píldoras anticonceptivas, en la mayor parte de los casos a escondidas de sus padres. A otras doscientos, entre los once y los trece años, han sido suministrados en cambio vacunos anticonceptivos a efecto prolongado o han sido aplicadas espirales. También la libertina y libertaria Gran Bretaña ha sido recorrida por un escalofrío de preocupación, frente a estos datos impresionantes.

En Inglaterra, la edad del consentimiento al acto sexual es dieciséis años. Antes, se supone hay violencia, también frente a un consentimiento que, por la edad de quién da él, no puede ser considerado libre. ¿Si un de doce años pregunta la píldora, en fin, por qué no se hace el médico alguna pregunta en más, con respecto de aquellas estrechamente médicas, que desaconsejarían incluso radicalmente aquella elección? La realidad es que aquellos médicos avalan, con sus píldoras y su silencio, nada mas que la pedofilia. ¿Alguien les preguntará cuenta de ello? Personalmente, pienso de no.

Nicoletta Tiliacos

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El Año Internacional de la Juventud de la ONU, utilizado para explotar a los niños

El pasado jueves, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) inauguró oficialmente el «Año Internacional de la Juventud» (AIJ) en el recinto de la Asamblea General. El tema elegido es «Diálogo y entendimiento mutuo» y se centra en la salud y el desarrollo, particularmente en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Pero algunos observadores temen que el Fondo de Población de la ONU y sus aliados han asumido el control del programa del AIJ para promover nuevos «derechos» a los servicios y educación sobre salud sexual y reproductiva para los jóvenes.

(C-FAM) La ONU ha destinado una considerable cantidad de recursos, incluso un sitio web de vanguardia, y ha incorporado la agenda de la juventud al trabajo de sus principales agencias. Durante la inauguración del AIJ, la directora del UNFPA, Thoraya Obaid, presentó laDeclaración Conjunta de los Jefes de las Entidades de la ONU.

En su intervención, Obaid enfatizó los nuevos derechos para la juventud en el marco del derecho a la salud. «Todos estamos de acuerdo en que la salud es un derecho humano y parte integral del desarrollo de la juventud... Las inversiones para la atención de la salud, que incluye el acceso universal a programas empíricos de salud sexual y reproductiva, son cruciales para prevenir los embarazos no deseados, la mortalidad materna, las infecciones de transmisión sexual y otras amenazas a la salud de nuestros jóvenes».

El programa para el AIJ es el «Programa de Acción Mundial para los Jóvenes», que fue aprobado por la Asamblea General de la ONU sin previo debate en 1995. Este solicita, en el área de la salud, el liderazgo del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), única agencia nombrada en esta sección. «Se debería alentar al Fondo de Población de las Naciones Unidas y a otras organizaciones competentes de las Naciones Unidas a que sigan asignando alta prioridad a la promoción de la salud reproductiva de los adolescentes». El término «salud reproductiva de los adolescentes» ahora es usado por el UNFPA y otras organizaciones internacionales en decenas de programas y planes de estudio para promover los derechos sexuales y reproductivos, incluso el acceso a la anticoncepción y el aborto, para las personas de entre 10 y 14 años.

La carrera por extender los "derechos a la salud sexual y reproductiva" y la ideología de género

Según el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes, «Los servicios de salud reproductiva existentes no han tenido generalmente en cuenta las necesidades en materia de salud reproductiva de los adolescentes considerados como grupo. La respuesta de la sociedad a las necesidades de los adolescentes en materia de salud reproductiva debería basarse en información que les ayudara a alcanzar el nivel de madurez necesario para tomar decisiones responsables».

Una de las principales y recientes iniciativas del UNFPA es Y-PEER, que se centra en la educación entre iguales y entre sus miembros se encuentran «miles de personas jóvenes que trabajan en diversas áreas que conciernen a la salud sexual y reproductiva de los jóvenes». El primer manual de «capacitación» de Y-PEER incluye una «carrera de relevos de preservativos» (pág. 78), una sección en la que se indica cómo convencer a los líderes religiosos para que implementen la agenda de salud reproductiva y varios ejercicios para inculcar a los estudiantes la diferencia entre género y sexo, siendo que el sexo es biológico y el género, una construcción social. Según este sitio de la Red, Y-PEER se centra en Europa Oriental y Asia Central, el Medio Oriente y África, entre los que figuran muchos países mayoritariamente musulmanes.

Según un observador de la ONU con muchos años de experiencia, «Una gran parte de esta agenda está impulsada por el profundo temor de que la cohorte mundial de gente joven, que es una multitud en auge, se reproducirá. Tienen que atraparla tempranamente, corromperla y convencerla de que no quiere ningún hijo».

Para © C-Fam, Terrence McKeegan, J.D.

Traducción de Luciana María Palazzo de Castellano


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El Papa: Aprender a desear las cosas grandes, las únicas que sacian y realizan

MENSAJE PAPAL AL MEETING DE RÍMINI: “DIOS TIENE SED DE NUESTRA SED DE ÉL”


Mensaje pontificio al encuentro organizado por Comunión y Liberación


CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 22 de agosto de 2010 (ZENIT.org) - Publicamos el mensaje que ha enviado el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en nombre de Benedicto XVI a la trigésimo primera edición del "Meeting por la amistad entre los pueblos", inaugurado este domingo, que organiza el movimiento Comunión y Liberación en la ciudad italiana de Rímini con la participación de cientos de miles de personas.



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A su excelencia monseñor Francesco Labiasi,

obispo de Rimini:



Excelencia revendísima:

Con alegría tengo el gusto de transmitir el cordial saludo del Santo Padre a su excelencia, a los organizadores y a todos los participantes en el "Meeting por la amistad entre los pueblos" que se celebra en Rímini.

Este año el título de vuestro importante encuentro, "Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón", nos recuerda que en el fondo de la naturaleza de todo hombre se encuentra la irreprimible inquietud que le empuja a buscar algo que pueda satisfacer su anhelo. Todo hombre intuye que precisamente en la realización de los deseos más profundos de su corazón puede encontrar la posibilidad de realizarse, de encontrar su cumplimiento, de convertirse verdaderamente en sí mismo.

El hombre sabe que no puede responder por sí solo a sus propias necesidades. Por más que crea que es autosuficiente, experimenta que no es suficiente para él mismo. Tiene necesidad de abrirse al otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta. Por decirlo de algún modo, debe salir de sí mismo hacia aquello que pueda colmar la amplitud de su deseo.

Como subraya el título del Meeting, no todo es la meta última del corazón del hombre, sino solamente las "cosas grandes". El hombre se ve tentado con frecuencia por las cosas pequeñas, que ofrecen una satisfacción y un placer "baratos", que satisfacen un momento, tan fáciles de alcanzar como ilusorias en último término. En la narración evangélica de las tentaciones de Jesús (Cf. Mateo 4, 1-4), el diablo insinúa que "el pan", es decir, la satisfacción material, puede llenar al hombre. Esta es una mentira peligrosa, porque contiene solamente una parte de verdad. El hombre, de hecho, vive también de pan, pero no sólo de pan. La respuesta de Jesús revela la falsedad de esta posición: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4, 4). Sólo Dios basta. Sólo Él sacia el hambre profunda del hombre. Quien ha encontrado a Dios, ha encontrado todo. Las cosas finitas pueden dar destellos de satisfacción o de alegría, pero sólo lo Infinito puede llenar el corazón del hombre: "inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te - nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti" (san Agustín, "Confesiones", I, 1). En el fondo, el hombre sólo necesita una cosa que todo lo abarca, pero antes debe aprender a reconocer, incluso a través de sus deseos y anhelos superficiales, lo que necesita verdaderamente, es decir, lo que realmente quiere, lo que es capaz de satisfacer la capacidad de su corazón.

Dios vino al mundo para despertar en nosotros la sed de las "cosas grandes". Esto se constata en el pasaje evangélico de inagotable riqueza que narra el encuentro de Jesús con la samaritana (Cf. Juan 4, 5-42) del que san Agustín nos ha dejado un comentario luminoso. La samaritana vivía la insatisfacción existencial de quien todavía no ha encontrado lo que busca: había tenido "cinco maridos" y en ese momento convivía con otro hombre. Esa mujer, como hacia habitualmente, había ido a sacar agua del pozo de Jacob y encontró a Jesús sentado, "cansado del viaje", bajo el calor del mediodía. Después de haberle pedido que le diera de beber, Jesús mismo le ofrece agua, pero no cualquier tipo de agua, sino "agua viva", capaz de aplacar la sed. Y de este modo se abría camino, "poco a poco [...] en su corazón" (san Agustín,Comentario al Evangelio de Juan, XV, 12), sacando a la luz el deseo de algo más profundo que la simple necesidad de satisfacer la sed material. San Agustín comenta: "Quien pedía agua para beber, tenía sed de la fe de esa mujer" (Ibídem XV, 11). Dios tiene sed de nuestra sed de Él. El Espíritu Santo, simbolizado por el "agua viva" de la que hablaba Jesús, es precisamente ese poder vital que aplaca la sed más profunda del hombre y le da la vida total, esa vida que él busca y espera sin conocerla. La samaritana dejó entonces en el suelo la jarra "que ya no le servía, es más, que se había convertido en un peso: ya sólo buscaba saciar la sed con ese agua" (Ibídem XV, 30).

Los discípulos de Emaús también viven ante Jesús esa misma experiencia. Una vez más el Señor hace "arder el corazón" de los dos mientras caminaban "con el rostro triste" (Cf. Lucas 24, 13-35). A pesar de que no habían reconocido a Jesús resucitado durante el camino realizado junto a Él, sentían que el corazón "les ardía en el pecho", que retomaban vida, hasta el punto de que al llegar a casa "insistieron" para que permaneciese con ellos: "Quédate con nosotros, Señor": es la expresión del deseo que palpita en el corazón de todo ser humano.

Este deseo de "cosas grandes" debe transformarse en oración. Los Padres aseguraban que rezar no es más que transformarse en deseo vehemente del Señor. En un bellísimo texto, san Agustín define la oración como expresión del deseo y afirma que Dios responde ensanchando nuestro corazón hacia Él. "Dios [...] suscitando en nosotros el deseo, ensancha nuestro espíritu: y ensanchando nuestro espíritu, hace que sea capaz de acogerlo" (Comentario a la Primera Carta de Juan, IV, 6). Por nuestra parte, tenemos que purificar nuestros deseos y esperanzas para poder acoger la dulzura de Dios. "En esto consiste nuestra vida --sigue diciendo san Agustín--: ejercitar el deseo" (Ibídem). Rezar ante Dios es un camino, una escalera: es un proceso de purificación de nuestros pensamientos, de nuestros deseos. Podemos pedirle todo a Dios. Todo lo que es bueno. La bondad y la potencia de Dios no tienen un límite entre cosas grandes y pequeñas, materiales y espirituales, terrenales y celestiales. En el dialogo con Él, poniendo nuestra vida ante sus ojos, aprendemos a desear las cosas buenas, en definitiva, a Dios mismo. Se dice que en uno de sus momentos de oración, santo Tomás de Aquino escuchó al Señor Crucificado que le decía: "Has escrito bien sobre mí, Tomás, ¿qué deseas?". "Sólo te deseo a ti", respondió el santo doctor. "Sólo te deseo a ti". Aprender a rezar es aprender a desear y, de este modo, aprender a vivir.

Cinco años después del fallecimiento de monseñor Luigi Giussani, el Sumo Pontífice se une espiritualmente a quienes adhieren al movimiento Comunión y Liberación. Como recordó durante la audiencia en la plaza de San Pedro, el 24 de marzo de 2007, "don Giussani se comprometió [...] para despertar en los jóvenes el amor a Cristo, 'Camino, Verdad y Vida', repitiendo que sólo Él es el camino hacia la realización de los deseos más profundos del corazón del hombre".

Al encomendar a los participantes en el Meeting estas reflexiones, deseando que sirvan de ayuda para conocer, encontrar y amar cada vez más al Señor y testimoniar en nuestro tiempo que las "cosas grandes" a las que anhela el corazón humano se encuentran en Dios, Su Santidad Benedicto XVI asegura su oración y con gusto le envía a su excelencia, a los responsables y organizadores, a todos los presentes su bendición apostólica.

Uno de corazón también mi deseo y aprovecho esta ocasión para confirmarle mi aprecio.

Afectísimo en el Señor,

Cardenal Tarcisio Bertone,

secretario de Estado.

Vaticano, 10 de agosto de 2010

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina]

Love Parade. Porque los chicos jovenes mueren a los veinte años si le prometen ciento y cinquenta de ello?

Necesitavan 19 muertos para hacer cerrar aquella matanza de corazones y cerebros llamado "Love Parade." Parada del amor. ¿Ya, cosa será que hace bajar en la arena a los jóvenes toros y los hace espetar en la exultación de si mismos con los banderillas del caos a todo volumen, el ecstasy y el alcohol que queman la gana de vivir a la altura del propio deseo de felicidad? ¿Qué es que hace compadecer y criticar la organización con la impotencia de quien sabe que no sabe si esta noche su hijo volverá a casa o acabará pisado por la muchedumbre y amasado a un plátano? En este circuito que se ha convertido el mundo inmerso en un continuum de ruidos, que es decididamente demasiado llamar "música", la ventaja de los chicos que la moderna civilización de la esclavitud de masa hace ponerse afásicos y sordos a las instancias del corazón es que son perdonados ya que no saben aquellos que hacen. Muchas enfermedades, mentales y no, avanzan. Muchos médicos, psiquiatras y no, esperan sus clientes. Pero movimientos natos conscientes de sentido, y por tanto natos para revolucionar el infierno, han ido ya a vivir con la cabeza en paraíso. Los '68 los hace los abuelos en cariola y también yo, diría el famoso murales, no me siento muy bien. Un santo bíblico dice: vendrá un tiempo en que vuestros hijos vagarán sobre y abajo por el mundo, hambrientos y sedientos del Misterio, pordioseros un sentido a la vida y la energía que hace quedar pegados a las cosas, y no lo encontrarán. Pero no decís que no hay más religión? El mundo desborda de religiones. Sean los rituales dionisíacos de Duisburg o los brujos de la Ciencia que hacen creer y esperar en el día en cuyo viajaremos a reacio en el tiempo. Mientras tanto, sobrevividos en espera de instrucciones, será cosa que hace morir a veinte años aunque se vive hasta ciento y cinquenta.

Tempi